CAMINOS PUBLICOS, CAMINOS CON HISTORIA

CAMINOS PUBLICOS,CAMINOS CON HISTORIA

 

El Camino Toledo Córdoba, según el Repertorio de Villuga

Jesús Sánchez Sánchez

Febrero 2004

En el siglo XVI aparecen los primeros Repertorios de Caminos. La primera publicación en Europa y en lengua moderna es la de Pedro Juan Villuga, que tiene lugar en Medina del Campo, en 1546. Su título completo es: Reportorio de todos los caminos de España hasta agora nunca visto en el qual allaran qualquier viaje que quieran andar muy provechoso para todos los caminantes. Compuesto por Pero Juan Villuga valenciano. Año de MDXLVI. Con privilegio Imperial. Treinta años después, en 1576, publica Alonso de Meneses un nuevo Repertorio de Caminos que, realmente, aporta pocas novedades. Algo anterior, ya que comenzó a redactarse en agosto de 1517, es el manuscrito de Fernando Colón – hijo del descubridor – que se conserva en la Biblioteca Colombina y que no llegó a terminarse ya que una Real Provisión de Carlos I, promulgada en 1523, prohibió la continuación de la recopilación de informaciones. Se le dio a este trabajo el título de Descripción y Cosmografía de España.


 La intención con la que Villuga publica su obra es la de que sirva como obra práctica de consulta que los viajeros llevarían encima; sus dimensiones de 14 x 10 cm le otorgan esta característica de libro de bolsillo. La forma en la que aparece descrito cada itinerario es la siguiente: se enuncia primeramente el título del camino expresando el número de leguas que median entre la cabecera y el final, después sigue la relación de los lugares y las ventas por las que el camino transcurre, para mencionar -tras el nombre de cada estación- el número de leguas o medias leguas, que la separa de la precedente. Los números son romanos, adoptando indistintamente la grafía de “i” o de “j” para expresar la unidad,siendo la unidad mínima de distancia la media legua, a veces representada por la letra “m”.

Por lo que respecta a las comunicaciones entre la Meseta y Andalucía, hasta la apertura, a finales del siglo XVIII, del camino diseñado por Lemaur atravesando Sierra Morena por Despeñaperros, la principal vía de comunicación fue la que cruzaba el valle de Alcudia y salvaba el paso de Sierra Morena por el territorio histórico de Almodóvar del Campo. De hecho, las primeras postas que se establecieron con Andalucía todavía seguían este camino llamado “de las Ventas” o “de la Plata”, así lo vemos en la obra de Tomás Fernández de Mesapara quien, todavía en 1755, sólo existe una “Carrera desde Madrid a Cádiz, y sepassa por las ciudades de Toledo, Ciudad Real, Córdova, Ezija, Carmona, Sevilla y Puerto de Santa María” [2].


 Por lo que respecta al paso que ahora llamamos de Despeñaperros (que entonces no existía como tal, sino que se cruzaba por otros dos puertos adyacentes: por el Puerto del Muradal hasta fines del siglo XVI y por Puerto del Rey a partir de esta fecha [3]) antes del siglo XVIII era utilizado más bien para la comunicación entre la Meseta y los Reinos Orientales andaluces, esto es, los reinos de Jaén y Granada.


 Así pues, el tronco principal de las comunicaciones entre el centro de la Meseta y Andalucía adoptaba la forma de una “Y” invertida; tras salir el tronco común de la ciudad de Toledo, se bifurcaba en dos ramales que se dirigían, respectivamente, uno hacia Córdoba y Sevilla y otro hacia Jaén y Granada.


 Mientras que este segundo ramal cruzaba Sierra Morena, como hemos dicho, por el Puerto del Muradal, el primer ramal mencionado superaba esta sierra, siguiendo el trayecto del “camino de las Ventas” o“camino de la Plata”, pasando sucesivamente por los puertos de La Inés, el del Horcajo [4] y el del Correo.


 El punto donde estos ramales se bifurca, en su trayecto hacia el sur, fue distinto según las diferentes épocas. Cuando se publica el Repertorio de Caminos de Pedro Juan Villuga, en 1546, esta bifurcación ocurría en Malagón [5]. En fechas anteriores, la bifurcación ocurría más al sur; concretamente, tras la fundación de Ciudad Real por Alfonso X, era en esta ciudad donde ocurría la separación de los dos ramales. De modo que, tras entrar el tronco en la ciudad por la puerta de Toledo, le abandonan ya separados los ramales respectivamente por las puertas de Granada y de Alarcos [6]. Esta última canaliza el tráfico hacia Córdoba y Sevilla pasando por el camino clásico de Almodóvar del Campo. La puerta de Granada canaliza el tráfico hacia la ciudad homónima, prolongándose por la que ahora se llama Carretera de Fuensanta hacia La Puebla, Calzada de Calatrava y El Viso del Marqués, con dirección al Muradal.

 De esta ruta de Toledo a Córdoba y Sevilla es de la que ahora vamos a detallar las estaciones que figuran en el Repertorio de Villuga. De este repertorio, detallaremos las estaciones del itinerario 89 (Toledo a Córdoba) de la edición de Gonzalo Arias [7]. Algunas de las cuales también aparecen en los itinerarios 73 (León a Sevilla), 88 (Toledo a Málaga), 99 (Toledo a Granada) y 102 (Almería a Toledo).

 Podemos distinguir dos tipos de estaciones entre las que enumera Villuga: núcleos de población y ventas. La ubicación de la mayor parte de las ventas había sido ya tratada sobre todo en los trabajos de Edgar Agostini Banús, Luis Astrana Marín y Manuel Corchado Soriano, todos ellos referenciados en la Bibliografía final. El criterio seguido por nosotros ha sido el de que las referencias de localización -segura o aproximada- que de estas ventas demos se puedan encontrar rotuladas en los mapas que citamos [8].

ParaAstrana Marín, el viaje de Toledo a Sevilla se solía hacer – en la época de Cervantes – en ocho etapas de unas ocho o nueve leguas al día, por lo que, descansando uno de cada tres días -es decir, incrementándolo en dos días- se empleaban diez días en llegar a Sevilla. Caminando desde el amanecer desde Toledo, el primer punto que se tocaba era las Ventas de Diezma; tras almorzar en Orgaz, se hacía noche en la venta de Guadalerzas. La segunda pernoctación se hacía normalmente en Ciudad Real, aunque los correos de postas solían rendir jornada en Caracuel. La tercerapernoctación solía ser en la Venta del Alcalde, hoy Venta de la Inés, donde además de hacer noche se descansaba un día. Posteriormente, si se continuaba a Sevilla, se hacía noche en Córdoba, donde también se descansaría un día.

 

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