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VIAJE DE BARTOLOME JOLY, CONSEJERO DEL REY DE FRANCIA, DE 1603 A 1620

VIAJE DE BARTOLOME JOLY,CONSEJERO DEL REY DE FRANCIA, DE 1.603 A 1620.

 

 

Lo hace a caballo. Por excepción si hay varios párrafos dedicados a las posadas españolas a las que califica de sucias e inhóspitas. He aquí algunos ejemplos de lo que dice de ellas:

«Trabajado como estáis por el calor, cansancio y largo trayecto del camino, no teniendo necesidad más que de reposo, llegáis a una casa de adobes, comúnmente agujereada y abierta por todas partes, donde cuelgan por enseña un trozo de madera como paleta, llamada tablilla o pendón. Echáis pie a tierra en el zaguán, que es pórtico grande y ancho, usado por toda España, y allí descargáis vuestros avíos, desbridais vosotros mismos o vuestro criado vuestra mula y tirándole de las orejas para animarla, la ponéis su ronzal, pidiendo una medida de cebada, que os es dada entre la paja corta en una criba; se la servís después de haberla llevado y atado al establo teniendo el ojo en acecho para que no se acueste por temor a romper vuestra silla, y también por miedo a que no vayan a robaros la cebada, en lo que son listos, y de los que no os dan ninguna razón aunque os quejéis y presentéis prueba de ellos…

Después de haber tratado y dado el pienso de ese modo a vuestra mula, vais a enteraros de dónde se vende el vino, la carne y vais vos mismo o por vuestro servidor a comprar, o bien enviáis a algún muchachito o criada pagándoles, y también esos zumbones confunden las tres cualidades recíprocas de garzas, taberneras y ladronas y además os hurtan una porción de lo que os traen, que si hubieseis sabido la moda, habiendo llenado, antes de salir de una buena ciudad, vuestras alforjas y mochilas de pan, vino y carne, la bota como gaita, os sería permitido entonces saquear en el saco de miseria y extraer sobriamente de él lo que quisierais comer. Si se trata del guisado atacarlo rápidamente, y si es asado la carne mitad tostada mitad arrastrada por las cenizas; y como la mesa dispuesta en el zaguán es común a todos los que allí comen, cada uno en su particular… haced cuenta de que están terminando cuando entréis allí, que otro llegará cuando estéis a medio comer, el uno os da envidia de lo que él tiene, el otro suspira por lo que tenéis, no siendo allí costumbre los ofrecimientos y cortesías, nada más que un trozo a la huéspeda, que le es debido por respeto.

Dos o tres mozos de mulas y otros roncan, durmiendo cerca de vosotros a pierna tendida, acostados sobre sus avíos, que sirven para todo, o sobre algún banco viejo o trozo de estera sobre el suelo, haciendo la siesta meridiana un par de horas, a la moda del país, para dejar pasar el calor del día, que ellos llaman la siesta; todavía esos no hacen más que ruido. Pero los otros, el uno pide a gritos el agua, el otro el vinagre, dónde está la paja, dónde dan la cebada, dónde está el abrevadero y tirando de la mula para llevarla allí, se presenta hasta el borde de la mesa, obligándonos a comer nuestro poco con el insípido olor de un vapor semejante.

Después de comer todos los pequeños restos, si los hay, metidos en la alforja, y la bota de vino cerrada con llave, Eleváis vuestra mula a beber, si no ha bebido y dándole otro celemín, contáis con pagar la cebada a un real el celemín, incluida la paja, según la tasa escrita en una tablilla llamada el arancel, que los posaderos tienen obligación de exponer en lugar tan alto que se pueda leer, donde está la tasa de sus cosas y del alojamiento, que es un real; el servicio y el mantel, sal, agua se paga a discreción, si la hay. Pero son altaneros, vocingleros y difíciles de contentar, sacando de nosotros todo lo que pueden, habiéndoseles privado en esta ocasión de vender pan, vino y carne a causa de lo que encarecían en más de la mitad…

Al salir y antes de estar sobre vuestra mula, no dejéis de hacer el inventario de su equipaje, porque si no ponéis bien el ojo sobre el arnés, el petral, la grupera, estribos u otra cosa, siempre os faltará algo, y el huésped no es responsable de cosa alguna. He aquí lo que pasa por la mañana. En cuanto a la noche si las molestias más cortas son las menos desagradables, os es mucho más incómodo en estos sitios las camas, todas llenas del pulgas.»

 

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